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 Deportes

Venados y leones

Por Pablo Cicero, Director General de Vinculación.


El canario, gorjea; el elefante, barrita; el lobo, aúlla; la pantera, himpla… Y los venados… ¡rugen! O, por lo menos, los venados de la Universidad Marista de Mérida. Así lo recordó Gustavo Orendain Berrón, judoka, en la presentación de los nuevos uniformes deportivos de esta institución.

 

«Y porque mis compañeros lo pidieron… ¡¿Cómo rugen los venados?!», preguntó Gustavo, al frente de los doscientos deportistas maristas. «¡Ooooooooo U!», respondieron al unísono los ciervos-leones.

 

La anécdota se remonta a la Universiada pasada, que se realizó en Sinaloa. El capitán del equipo de judo de la Universidad Marista de Mérida, Iván Ramírez Medel, se enfrentaba con un rudísimo rival en la final. Gustavo y sus compañeros le echaban porras, sufriendo y gozando como el propio Iván el encuentro.

 

Gustavo, entonces, gritó: «¡Iván: Muéstrale cómo rugen los venados!». El propio judoka se dio cuenta de su error, al igual que sus compañeros, que entre bromas respondieron con un sonoro y único «¡Ooooooooo U!». Así nació   el rugido de los maristas. Nuestros venados no rebraman. No. Nuestros venados rugen. La mirada fija y la postura de combate del venado de la «U» de la Universidad ya demostraban desde entonces que había un león debajo de esa piel.

 

La noche del martes, a las 8, los deportistas de la Universidad Marista de Mérida se dieron cita en el salón de usos múltiples «Dr. Jorge Muñoz Rubio». Ahí, el rector, Miguel Baquedano Pérez, acompañado del coordinador deportivo, Rodrigo Cueva G. Cantón y su equipo, instaron a los deportistas maristas a llevar en alto el nombre de su casa de estudios.

 

Durante su intervención, el rector exaltó la preparación, la cual es indispensable para el deportista. «Nunca consideren que una gota de sudor es un desperdicio. Las lágrimas -de tristeza, por la derrota, o, en su contraparte, de alegría, por la victoria- son consecuencias de ese sudor», de esa dura preparación.

 

Además del rector Baquedano, hablaron el entrenador de fútbol soccer femenil Ramón Burgos Lara y los deportistas Daniela Hadad Sánchez, de básquetbol, y Gustavo. En su discurso, además de hacer rugir a los venados, citó a Aristóteles. ¿Se imaginan a un judoka de 90 kilogramos filosofar? Y eso no es todo…

 

De las tribus deportistas de la Universidad Marista de Mérida, la que más llama la atención es la formada por los que practican judo. Su capitán, Iván, estudia la licenciatura en Diseño de Interiores -forma parte de la primera generación con varones- . Y su historia, como su entrega en los combates, inspira. Él será el primer integrante de su familia con estudios superiores, y porta con orgullo su herencia indígena.

 

Recuerda de forma muy vívida su primera plática con el rector Baquedano.  Fue una mañana, en el despacho del maestro Baquedano. Ahí platicaron sobre lo que le gustaría estudiar, y el apoyo que le iba a dar la Universidad Marista. Ahí, igual, Iván le prometió una medalla al rector.

 

Y vaya que cumplió. Este diciembre, Iván participará en su última Universiada. En las tres competencias de este tipo en las que ya participó, ya cosechó cuatro medallas. Éstas se unen a las otras sesenta y uno -treinta y cinco de oro- que el judoka ha obtenido en distintos escenarios, locales, regionales, nacionales e internacionales.

 

Iván se enfrenta al reto de su última Universiada de una forma serena, con la certeza que lo que obtenga ahí será por añadidura. «Yo ya le cumplí al rector». Ya le cumplió a la Universidad. Sin embargo, alberga, al igual que todos nosotros, la esperanza de añadir más oro al palmarés.

 

El capitán de los venados rugidores comenzó a practicar judo en 2003, cuando tenía 13 años, «y estaba gordito», recuerda. Comenzó a practicar esta disciplina en el multigimnasio de Roble Agrícola, en el sur profundo de Mérida. El deporte le abrió muchas puertas, reconoce, y se convirtió en motivo de orgullo de sus padres. Iván formó parte de la primera generación del CARD, institución que se ha convertido en un semillero de atletas yucatecos, y con la que recientemente la Universidad Marista firmó un convenio.

 

Al momento de elegir carrera, Iván se encontró en una encrucijada. En ésta, se topó con Raúl Arriola Valenzuela, quien fue el primero en invitarlo a estudiar en la Universidad Marista de Mérida. Raúl, incluso, tuvo que hablar con los papás de Iván.

 

«Al final de la conversación», recuerda el deportista, «mi papá me llamó. Y enfrente de Raúl me dijo que estaba muy orgulloso de mí». El judoka también recita una de las frases que el dijo su padre ese día, frase que quedó grabada en su memoria: «La familia es como una escalera», comparó el padre del alumno marista. «Yo pude escalar un peldaño más que mi padre, tu abuelo. Tú escalarás uno más que yo…».

 

Un día en la vida de Iván

El capitán del equipo de judo de la Universidad Marista de Mérida se levanta antes de las seis de la mañana. A las ocho, ya está trabajado en un estudio de arquitectura. 

 

«Llevo ahí un año y tres meses», señala, y especifica que los sábados igual trabaja de ocho a una. «Y ahí he hecho de todo: mantenimiento, nómina, proveedores, supervisión de obra, diseño de inmobiliario…». El estudio es capitaneado por Omar Fuente y Mario Durán.

 

De ahí, sale a la una, para llegar a su casa a la una y media de la tarde. Almuerza, se baña y parte a la escuela. Sus clases comienzan a las tres o a las cuatro de la tarde, y terminan a las nueve o diez de la noche.

 

Entrena de once a doce de la noche… Y se duerme a las tres o cuatro de la mañana, haciendo la tarea o estudiando. 

 

Iván lleva ya años con este frenético -y a la vez productivo, palpable en medallas y buenas notas- ritmo de vida. Está en la recta final de su licenciatura, y ya está pensando en estudiar una maestría. «Lo más seguro que sea la de Administración de Empresas Constructoras». Claro, la que se imparte en la Universidad Marista de Mérida. «¡Ooooooooo U!».

 

Todo lo que ha logrado Iván sería imposible, como él mismo admite, sin el apoyo de sus compañeros de equipo. «Más que un equipo, es mi familia», reconoce. Iván, Gustavo, Germán Garrido -alumno, como el capitán, de Diseño de Interiores- Luis Martínez, Pablo Saenz, Joaquín Correa, Alvaro Pérez y Diana Ramos son los ciervos judokas que, entre ellos, se echan porras rugiendo.